Cinco y media de la mañana en un campo desprovisto de muggles. Rodeado por sombríos árboles llenos de escarcha que brillaban ante los primeros rayos del amanecer, en un pueblo de Leipzing, Alemania. Se acercaban tres individuos de una misma familia. Todos iban embozados. Eran gente no muggle. El hombre de más edad guió a sus dos hijos gemelos hacia el transportador. Los dos chicos tomaron el transportador, en este caso una rueda, y junto con su padre en pocos minutos giraron sobre sí mismos tomados del transportador, desaparecieron de Leipzing. Aparecieron en un callejón abandonado de Londres. Se limpiaron el polvo y caminaron varias calles desiertas aun por la hora, a un pub llamado “El Caldero Chorreante” que fácilmente podía ser ignorado por muggles. El bar se encontraba vacío.
-Buenos días.- dijo un hombre detrás de la barra.
-Habitación del Sr. Kaulitz, Jared Kaulitz.- dijo el padre de los gemelos.
Algo sorprendido el hombre le extendió las llaves de la habitación: 483. Se dirigieron en silencio a la habitación y al entrar todos se quitaron las capas de viaje. Jared Kaulitz sacó su varita mágica y encendió el fuego en la anticuada chimenea, se sentó junto a sus dos hijos gemelos. El fuego dejó ver las facciones tan parecidas de los tres. Sus ojos verde claro, brillaron a la luz del fuego. El gemelo de cabello negro alborotado, miraba fijamente al vacío, mientras su pelo brillaba a la luz de las llamas. El otro gemelo miraba a su padre, asombrosamente parecidos, con el pelo rubio cobrizo igual de alborotado que el de su hermano, mientras que su padre lo tenía corto.
-Descansen, yo iré a Gringotts. El viaje tomó menos de lo esperado.- y con esto último el Sr. Kaulitz salió de la habitación.
-Reservo la cama de la ventana.- dijo el chico de pelo cobrizo a su hermano gemelo.
-No me importa, Jacob.- respondió el gemelo de pelo negro.
-¿No vas a descansar, Bill?- preguntó Jacob.
-No, iré a desayunar, Jake.-dijo Bill. Lo que fuera para zafarse de toda compañía. Se levantó y le dió la espalda a su hermano al salir.
Bill Kaulitz desayunó en silencio. Esa mañana se despertó con un presentimiento extraño…No sabía que podía pensar de ello…Sabía que le pasaría algo…que algo iba a cambiar irrevocablemente…no sabía si para bien o para mal…pero iba a suceder tarde o temprano…Bill no sabía si quería que pasara rápido…o si quería que nunca sucediera…Nunca se había sentido igual…Ese presentimiento era nuevo…Lo había sentido esa misma mañana…Le dolía la cabeza…
Bill se levantó al ver a su padre entrar al pub. Bill acompañó a su padre en el desayuno junto con Jacob, que bajó luego de dormir un poco. Al terminar de desayunar el reloj marcaba las 7:45am. Entonces hablaron sobre su itinerario del día; sábado.
-Tienen- dijo el Sr. Kaulitz- que comprar las túnicas que necesiten, libros, útiles, escobas, calderos, ingredientes y…traje de gala.-dijo algo avergonzado.
-¡¿Traje de gala?!-dijeron los gemelos al unísono.
-Ya les dije la razón. No es culpa mía.-dijo el Sr. Kaulitz.
-Y nosotros ya te dijimos que NO usaremos traje de gala.-dijo Jake.
-Miren, el Torneo de los Tres Magos es un evento que no se ha visto hace tiempo. Es una ocasión especial, formal y OBLIGATORIA. Mis hijos NO IRAN vestidos como unos vagos. ¿¡Entendido?!-dijo el Sr. Kaulitz.
-Si.- dijeron de mala gana los gemelos.
-Irán primero por las túnicas y el traje de gala, luego por las escobas y después de eso se separarán a comprar los libros correspondientes a las materias que asistan junto con todo lo demás que necesiten. Nos juntaremos a almorzar y si terminan de comprarlo todo tendrán la tarde libre. Les voy a dar 200 galeones a cada uno y espero verlos a las 7 en punto de la noche.-puntualizó Jared Kaulitz y los dejó con dos bolsas llenas de galeones en la mesa. Ambos chicos se levantaron de la mesa y rápidamente tomaron cada uno su bolsa llena de galeones.
Salieron a un cuarto con una pared sur de ladrillo. Bill sacó su varita y dando algunos golpes con ella en ciertos ladrillos, la pared se movió, dejando una forma de arco por el cual pasaron al Callejón Diagon. La sinuosa calle empezaba a llenarse. Las tiendas más asombrosas del mundo se alzaban unas tras otras a ambos lados de la calle.
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